Alfonso III

Alfonso III

Alfonso III el Magno reina entre los años 866 y 910. Dedicó gran parte de sus empresas a la consolidación de todo lo recibido y la expansión del reino astur. En sus dominios (Asturias, Galicia, León, Bureba (Castilla) y Alava) llevó a acabo una numerosa actividad edificatoria, elevando templos, castillos y monasterios. Bajo su reinado se escribe la Crónica que lleva su nombre, de la que hay dos versiones: Rotense y A Sebastián. Llega hasta Toledo en su expansión hacia el sur y funda diversas ciudades. En una de ellas, Zamora, fallecerá en el año 911.

El estilo constructivo llevado a cabo durante su etapa se caracteriza principalmente por una vuelta a las soluciones desarrolladas durante el reinado de Alfonso II, obviando una gran parte de las aportaciones ramirenses. Esta regresión se justifica no por una incapacidad o falta de medios sino como un intento de vuelta al pasado con el fin de justificar el poder de un monarca que se proclama heredero del reino visigodo. De ahí que desee transformar Oviedo en un nuevo Toledo o que convierta la Reconquista en una empresa nacional.

Las características que definen las construcciones de este periodo son por tanto, una mezcla de los dos anteriores. Sus rasgos más importantes son los siguientes:

  • Vuelta al uso del sillarejo que se alterna con la aplicación del sillar bien escuadrado.
  • Ventanas triples en la cabeceras.
  • Regreso a la planta basilical.
  • Cubiertas en madera. Se aboveda menos y desaparecen los fajones.
  • Carencia de ornamentación escultórica.
  • Paredes decoradas con pinturas al fresco de temática anicónica. Se suprime la figura humana y animal.
  • Nártex salientes.
  • Arcos realizados en ladrillo.
  • Los contrafuertes se reducen en número.
  • Caen en desuso las complejas celosías y rosetones, los fustes sogueados y haces de columnas.
  • Tribuna a los pies.
  • Juego de volúmenes y proporciones tendentes a la verticalidad.