San Julián de los Prados
Aunque inicialmente fuera edificado a extramuros de Oviedo, hoy día podemos contemplar este templo perfectamente integrado en el casco urbano de la capital del Principado. Si bien ha conseguido mantenerse en pie a lo largo de los siglos, su conservación corre actualmente un constante peligro. La excesiva proximidad de la autopista "Y", construida hace algunos años y que enlaza los tres núcleos de población más importantes de la zona central asturiana (Oviedo, Gijón y Avilés), acarrea toda una serie de problemas de contaminación y estabilidad derivados del denso tráfico rodado que hace uso de ella.
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Esquema en planta de San Julián de los Prados |
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La iglesia de San Julián de los Prados, popularmente conocida como Santullano, formaba parte de una villa palatina suburbana de la que ya no quedan restos. Se construye entre los años 826 y 838. Estaba dedicada a los Santos Julián y Basilisa de Antioquía que en Toledo recibían un culto importante.
Su aspecto actual es fruto de una restauración llevada a cabo entre 1912 y 1915 por Fortunato de Selgas. En ella se derribaron toda una serie de añadidos que desvirtuaban el conjunto, son sustituídas las bóvedas por cubiertas de madera y se reponen todas las celosías menos la del ábside norte que todavía se conservaba. Al levantar el encalado que recubría los muros, encontró el conjunto de pinturas más importante del arte asturiano.

El templo se articula en torno a una planta basilical de tres naves, la central más alta y ancha que las laterales. Están separadas por arquerías de tres tramos sobre gruesos pilares. Los espacios que encontramos de oeste a este son los siguientes: vestíbulo, cuerpo de naves, crucero (con dependencias laterales) y cabecera. En cuanto a dimensiones, sus 40 metros de largo por 26 de ancho la convierten en la mayor construcción cristiana peninsular hasta el siglo XI. A excepción de los tres ábsides, para los que se usa la bóveda de cañón, el templo está cubierto con carpintería de madera tradicional. Para el suelo se utiliza el opus signinum.
Los muros se construyen mediante hiladas de lajas de piedra que oscilan entre los 3 y 20 centímetros de espesor y menos de 50 centímetros de longitud. Para las esquinas se reservan los sillares colocados a soga y tizón. Los contrafuertes que refuerzan y articulan el paramento perimetral están muy poco desarrollados en altura (alcanzan tan sólo la mitad de éste).
El nártex se presenta como un volumen saliente alineado con la nave central y adopta una planta cuadrangular.
Lo más relevante del cuerpo de naves es la presencia de un claristorio en la nave central con tres ventanas a cada lado recubiertas con celosías. Las laterales carecen de iluminación directa. La jerarquización de espacios queda claramente establecida mediante un fuerte contraste entre una nave principal muy amplia y bien iluminada y unas laterales estrechas, bajas y en penumbra.


El transepto, junto con las pinturas que recubren el interior, es el elementos más característico del edificio. No sobresale en planta pero sí queda marcado en altura. De hecho, es el cuerpo que mayor elevación alcanza (dos metros por encima de la nave central). Su ancho además es similar al de ésta. Un gran arco triunfal clásico de tres vanos lo comunica con el cuerpo de naves. Su interpretación es altamente simbólica. Representa la puerta entre el mundo terrenal y el celestial que todos los fieles deseaban franquear para acceder al mundo de los cielos y alcanzar la vida eterna. En la pared norte se han encontrado indicios que apuntan hacia la existencia de una tribuna de madera (hoy día no conservada) que sería utilizada por el rey para asistir a los oficios.
La cabecera adopta una disposición típica en el arte asturiano: triple ábside rematado en testero recto. Se abren al transepto mediante arcos de medio punto realizados en ladrillo (como todos los del templo). El espacio de la capilla central se enriquece con la presencia de unas arquerías ciegas de medio punto sobre columnas de fustes monolíticos y capiteles florales. En las laterales se repite este mismo esquema pero en pintura. Cada ábside recibe luz del exterior por una ventana cuadrangular que se cubre con celosía. Con el fin de equilibrar los volúmenes, sobre el ábside central se coloca una cámara supraabsidial a la que se le practica una ventana de triple arco sobre columnillas de fustes monolíticos, basas áticas y capiteles florales.
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