Ramiro I
Entre los años 842 y 850 y sucediendo a Alfonso II, sube al trono Ramiro I. En esos poco más de siete años se edificaron una serie de construcciones únicas. El gran número de novedades estilísticas y constructivas aportadas plantea el problema del origen de lo que parece configurarse como un estilo plenamente maduro y personal, diferenciado con claridad del precedente y que desaparece dejando tan sólo algunos vestigios. Para explicar la carencia de un periodo evolutivo claro que sirva de enlace se ha recurrido a la hipotética presencia de un artista de amplios conocimientos y fuerte personalidad, versado tanto en lo europeo como lo oriental. Todo ello, por supuesto, es indemostrable. De lo que no cabe duda, es que a pesar de la originalidad del estilo, en él encontramos toda una serie de soluciones heredadas del periodo anterior, como las proporciones esbeltas, los sogueados, las decoraciones de rombos en la pintura mural y el predominio de los ángulos rectos. Las características técnicas que definen las construcciones ramirenses son las siguientes:
- Uso de sillares bien escuadrados en los muros. El sillarejo, tan frecuente en la etapa de Alfonso II, no desaparece pero es de mejor calidad.
- Abovedamiento a gran altura de las construcciones. La elevación que a veces se llega a alcanzar no volverá a ser vista hasta el gótico y obliga al uso de toda una serie de elementos destinados a reforzar la estructura del edificio. Las bóvedas están construídas con piedra toba, un material muy ligero. Además, reposan sobre arcos fajones que desplazan su peso hacia unos muros consolidados mediante contrafuertes (uno por cada fajón). De este modo se conforma una suerte de esqueleto constructivo que alivia la presión de la cubierta.
- Importante presencia de las columnas, tanto exentas como adosadas, que se decoran con sogueado en los fustes. Uso de dos tipos de capitel: corintio, de procedencia clásica, y troncopiramidal.
- Los contrafuertes son tan abundantes que sobrepasan la función constructiva y se convierten en un elemento decorativo más que articula el muro.
- Arcos de medio punto muy peraltados que aportan sensación de ligereza y altura.
- Gran profusión decorativa. Por primera y última vez en el arte asturiano aparece la figura humana tanto en pintura mural como en la ornamentación de capiteles y medallones. Los contrafuertes estan recorridos con estrías (recuerdo a las columnas de la antigüedad).
- Se perfecciona la talla de las celosías. Están realizadas sobre placas de piedra. Algunas son de gran complejidad y belleza. Como novedad, en esta etapa, aparecen unos rosetones, finamente calados, que se adelantan en siglos a los desarrollados durante el románico y el gótico.
- Las dovelas están talladas en piedra en vez de en ladrillo.
- La tribuna regia se emplaza definitivamente sobre el vestíbulo, a los pies del templo.
